CAPITULO VII
ETIMOLOGÍA Y
MIS PEQUEÑOS COMENTARIOS
Es muy difícil poder definir con exactitud, la
toponimia de las palabras que designan los nombres de los poblados del
municipio, por la escasez de datos al respecto, pero invocando a la lógica e
informaciones de antiguos vecinos, venidas de generación en generaciones,
encontramos las siguientes acepciones:
EL PASO DE LOS JALAPAS. Lógicamente, significa
lugar de paso, pero al respecto hay varias hipótesis: 1- que toma su nombre de
la circunstancia, de que en tiempos pasados, habitantes del limítrofe departamento
de Jalapa, utilizando un camino de herradura, casi en línea recta, que se
oficializó como vecinal con el tiempo, al dirigirse a otros puntos de la
república, por motivos de su interés, pasaban por esta parte del territorio
nacional, a pie o montados en bestias, a recoger o depositar sus encomiendas en
una institución Estatal, que en época pasada estuvo establecidas en el Rancho, denominada
“El cambio de la Custodia o Paquete”, especie de aduana y correo, que daba servicio
a los departamentos de la región, como punto de convergencia estratégico, hacia
el resto del interior del país; 2- que por la proximidad y viabilidad del
terreno, dichos habitantes bajaban por ese camino para abordar el ferrocarril, y 3- que fue camino
de milicianos, en una o varias acciones armadas
desconocidas; tránsito que a la fecha ha desaparecido, por existir otras
mejores vías de comunicación. Años después, los Jalapas se comunicaban con el
resto del país por un lugar, más arriba, denominado Estación Jalapa, pero por
camino carretero y en transporte de autobús. En un tiempo la estación de
bandera del ferrocarril allí establecida,
una galerita de madera, se llamó Paso-Malena, para cubrir e identificar a las
dos aldeas cercanas, una enfrente de la otra, río Motagua de por medio, cuyos
habitantes se guarecían en la misma a la espera del tren, pues no era más que
una pequeña galera sin servicio de oficina alguno. Si bien, esta aldea en
aquella época, era jurisdicción de Santa María Magdalena, la cabecera municipal
estaba situada al otro lado del río, en donde hoy es la aldea de Malena, cuyo
municipio fue suprimido, y su única aldea, El Paso, fue incorporada a El Jícaro
cuando este se convirtió en municipio. Esta aldea es la más grande del
municipio con 35OO habitantes. En ese lugar el tren del ferrocarril arrollo y
mató a varias personas entre ellas a Emilio Terraza y Rolando Barrientos.
LAS OVEJAS. Se cree que el nombre lo haya
tomado el lugar, por razón de que en una hacienda allí establecida, había
crianza de estos animales, la que con el tiempo desapareció. No sé por qué
razón los vecinos de esa aldea encabezados por Tomás Roldán León, durante mi
administración como Alcalde, solicitaron el trámite para que la citada aldea
fuera elevada a la categoría de tal, cuando en el acuerdo gubernativo de creación del municipio
ya se incluía a la misma y, ni yo, ni el Ministerio de Gobernación, reparamos
en esa duplicidad, pues fue autorizada nuevamente, según acuerdo
gubernativo de fecha 30 de noviembre de
1960. El Arzobispo Pedro Cortez y Larraz visitó en el año 1769 la parroquia de
Acasaguastlán y en su informe no mencionó a El Jícaro como poblado, sino solo a
la hacienda Las Ovejas, que se supone era importa. En este lugar fueron
asesinados Enrique Carranza e Israel Oliva y mucho antes Adán Vargas en una
trepada cerca del riachuelo.
EL ESPÍRITU SANTO. Esta toma el nombre del
cementerio local, y éste de la tercera persona de la Trinidad, tiene el tercer
lugar en densidad de población en el municipio con 2879 habitantes.
BORDOS DEBARILLAS. Se cree que el lugar
haya tomado el nombre, de su caprichosa topografía, que presenta múltiples
depresiones, propiedades que pertenecieron a un señor de apellido Barillas.
Otra teoría puede ser que a dicha aldea se le denominó en un principio como “El
Borde”, aplicándolo o nombrándolo de San Cristóbal Acasaguastlán, en donde residía la autoridad en aquel
tiempo, como el extremo u otro lado del río, y con el tiempo el nombre se
deformó, por qué borde significa precisamente orilla.
LO DE CHINA. Nombre bastante raro, se
ignora su verdadero origen, suponiéndose que lo adjudicaron los españoles
residentes por estos lugares en la época de la colonia, como otros muchos nombres cuya etimología se desconoce.
Una hipótesis puede ser que en aquellos tiempos, cuando repartían terrenos, a
manera de identificación, le anteponían al mismo, el artículo determinante
neutro “Lo” y la preposición “de”, seguido del apellido del favorecido,
ejemplo: Lo de Mejía, Lo de Bran, Lo de Valdez, Lo de Coy, etc. Y que allí le
hayan otorgado a una persona de apellido o sobrenombre “China”, para completar,
”Lodechina”.
AGUA CALIENTE. Toma su nombre de una fuente
termal azufrada, situada a un lado del
riachuelo que pasa por la aldea, lugar de mucha ganadería en tiempos pasados.
EL PINO. Se origina su nombre con motivo de
que hace mucho tiempo, en el límite jurisdiccional sureste con el municipio de
San Pedro Pínula del departamento de Jalapa, existía únicamente un árbol añoso de
su clase que ha desaparecido, si bien la aldea se estableció en aquellas
inmediaciones.
LA PALMA. Los cultivos de palma que en el
municipio se utilizan para la fabricación de sombreros, dieron nombre a este
poblado rural desde hace muchos años.
PIEDRA ANCHA. En el rio denominado
“Anshagua” que baña el límite suroeste de la jurisdicción de El Jícaro, existe
en su cauce una piedra grande y ancha, y los vecinos al agruparse para formar
el caserío le dieron a éste el nombre que se ha expuesto.
LAS ANONAS. Se atribuye su nombre a
plantaciones de esa clase de árboles que existieron antes donde ahora el
poblado se ubica.
EL OJO DE AGUA. Se llama así, por un
nacimiento de agua ahí existente, que surte las necesidades de este preciado
líquido a la comunidad, y que sirve
además, para regar los cultivos de dicho caserío y los de las aldeas Los Bordos y Espíritu Santo, por
medio de gravedad y turnos que disponen un juez de agua. Debido a la
deforestación y descuido de los vecinos, este manantial está al borde de
desaparecer.
SANTA ROSALÍA. Por tratarse de un nombre de carácter religioso se supone que se
le asignó el mismo, en honor a la virgen que lo lleva, por la feligresía
católica, al formarse este caserío.
EL ZAPOTE. Sin duda, su nombre deviene de
las plantaciones de ese árbol existentes en ese lugar, asiento del clan de don
Eusebio Castillo, dueño de una hacienda
agropecuaria famosa, por la buena calidad de sus productos lácteos. En sus inmediaciones se ubica el cerro llamado
Ananopa, muy importante por la diversidad de fauna y flora raras que posee,
lugar también muy visible en la época prehispánica, asiento de algún pueblo
primitivo, a decir de los vestigios en ruinas, que todavía se observan.
Aunque está fuera de tema, aprovecho para insertar aquí, una anécdota
de un nieto de don Chebo, así llamado el dueño de la finca, de nombre Beto
Ayala, Betón, como se le conocía popularmente, quien sin ser profesional de la
medicina, pero con una primaria bien ganada, y mentalidad desarrollada, se
dedicó por mucho tiempo a esta actividad en forma empírica, utilizando como
herramienta principal la audacia,
inteligencia y un vademécum o inventario de medicamentos de farmacias que
consiguió, a través del cual recetaba, atrayendo pacientes de todas partes del
país y de Centro América, dado lo acertado de su trabajo, decían, pues por la
fama adquirida, no habían sábados y domingos que no hubiese fila de carros de
pacientes de todas partes, de adentro y hasta de fuera del país, esperando
turno en la “clínica”, para poder ser atendidos por el “galeno”, quien a la vez,
tenía habilitado un negocio de comidas en los alrededores, para los visitantes.
EL TAMBOR. No se conoce su correcta
etimología, pero se supone que se debe al instrumento autóctono de ese nombre,
o porque su figura topográfica se parece
a dicho instrumento, lugar de abundante ganadería en su época. Antaño, próximo
a este lugar, al otro lado del río, pero en jurisdicción nuestra, en un paraje
denominado El Naranjo, en las inmediaciones de la Puente, límite municipal de
El Jícaro y Cabañas, se celebraba en los últimos días del mes de enero de cada
año, una alegre fiesta promovida por los romeristas que iban y venían del
Santuario de Esquipulas, incluso, algunas veces con participación del comité
pro mejoramiento de esta población, en donde se vendía comida, golosina,
frutas, se mataban gallinas, cerdos, chivos y se bailaba al compás de música de
guitarras, acordeón y marimba, a la cual acudían mucha gente vecina, que
aprovechaban para bañarse en las frescas aguas
de los ríos El Tambor
y Motagua, cercanos.
LAS JOYAS. Atendiendo a las depresiones del
terreno en que el caserío se ubica, y al modismo guatemalteco que señala como “joya”una
hondonada pequeña, se considera que esa sea la razón por la que se le dio ese nombre al lugar, o tal vez por lo
bonito e importante del terreno, semejándolo a un objeto precioso.
EL JICARO. Se tiene conciencia plena, de que
su nombre deriva del árbol de su nombre, abundante en este lugar en tiempos
pasados –víctima, como otros, de la tala inmoderada de nuestros bosque-, cuya
excrecencia llamado jícara o morro, era muy codiciada por los indígenas de la
región, para la fabricación de recipientes o guacales para usos domésticos y,
particularmente, a la presencia en su geografía, de un frondoso árbol de
su clase, que ondeaba sus ramas al
viento, en expresión de confraternidad y de bienvenida, que servía de sombra a
los caminantes que visitaban o atravesaban la comunidad, así como de sesteo de
sus recuas; y también el punto de referencia identificado por los viajeros,
para el descanso o del mejor vado, por sus playas extendidas y aguas poco
profundas, para cruzar el río Motagua, hacia el norte, a la altura en aquel
entonces, del respetable corregimiento de Acasaguastlán, cuyo dominio se extendía
hasta el mar, en los largos recorridos que se efectuaban desde el inicio de la
época hispánica, entre la Capitanía General del Reino de Guatemala y el Golfo
Dulce, en la Bahía de Amatique, principalmente para el transporte de
mercaderías entre ambos lugares, pues era este el camino oficial de herradura
en la época, al océano Atlántico y viceversa. A partir de allí, el paraje fue visible como
centro de albergue y de paso que dio
origen con el Tiempo, a la formación de El Jícaro, como asentamiento humano:
paraje, caserío, aldea y municipio, en orden progresivo, con sus posadas gratis
en amplios corredores de las viviendas y cobijo para librarse del sol en
copudos árboles, para los transeúntes.
Árbol de Jícaro, cargado de frutos.
medios, con motivo de la celebración del centenario del municipio,
refieren que, el nombre de nuestro
pueblo no proviene del árbol de Jícaro, sino de una tribu primitiva llamada
“Xícaros” que existió aquí en la época pre hispánica, incluso
dan el año 1874 con fecha de creación. Versión que no comparto, por falsa,
tendenciosa y antojadiza, carente de todo fundamento
lógico e histórico, en razón de que esa tribu extinguida, efectivamente, tuvo su asiento, pero en un pueblo remoto, de lo
que hoy es el municipio de El Jícaro, Nueva Segovia, República de Nicaragua, que
nada tenía que ver con Guatemala, por un lado, y por el otro, qué lo mismo se dice de este último pueblo
minero antiquísimo de Nicaragua, en un estudio del profesor Ruvirico Espinoza, difundido
en una página de Internet, quien afirma también, que el nombre de El Jícaro de ellos, tampoco viene
de la fruta de ese árbol, sino de los “Xicaros”, que allí existieron antes de la conquista; exposición
esta cierta para ellos, pero inaudita a todas luces, respecto de nosotros,
porque esa tribu nada tenía que hacer en esta lejana tierra, convirtiéndose
entonces dicho nombre, en un tema polémico, sobre el cual se está especulando aquí, por alguien irresponsable que tomó esos datos de
internet, para sorprender y engañar por
asociación de nombres, a incautos, con la complicidad de jóvenes locales y
quién sabe si de la Municipalidad también, pretendiendo desvirtuar la
verdadera etimología de nuestro municipio, harto conocida, de generación en
generación, de muy antiguos tiempos, que vergüenza. Y, además, porque existen
infinidad de poblados en toda América,
con el nombre de El Jícaro, área en donde precisamente vive silvestre y libre
este arbolito, situación que hace confirmar, por ende, que sus nombres derivan
del árbol de su nombre y jamás de los “Xicaros” de que se habla erróneamente,
excepto el de Nicaragua, como ya se
explicó, de lo que sí existe documentación histórica fehaciente, que lo
confirma, las Crónicas de Indias, por ejemplo. “Xicaros” allá y “Xicaros” aquí,
no contiene, pues en nuestra región, existieron los “Vastránes”, “Guaxtlanes” y
“Alaguilac”, según la historia patria. De tal manera que la nueva etimología
que se pretende dar a nuestro terruño, es inventada y por ende irreal, por
alguien pícaro que quiso “conquistar laureles” o por paga económica, quien
sabe, con la venia de muchachos locales, a quienes quizás no les gusta o se
avergüenzan del lindo nombre de un vegetal noble de nuestra pueblo, que lo
identifica perfectamente, por ser parte de nuestra flora.
Para corroborar
lo dicho, aclarar y desvanecer ese infundio, que desafortunadamente ya es
público allende las fronteras patrias, en perjuicio de nuestra historia, transcribo a continuación el siguiente párrafo
de narraciones de aquél país, que
aparece también en internet, de mucho tiempo atrás, que dice: ““De acuerdo con
el profesor Ruvirico Espinoza, el nombre de El Jícaro, no proviene del árbol
que da ese fruto, sino de la tribu de Xicaros que habitaba este lugar a la
llegada de los españoles. Los Xicaros era una tribu pequeña, de ellos se
conocen algunos caciques como Moyuca que aparece mencionado en crónicas de
indias, con el paso del tiempo al acabar con los indígenas se nos llamó el
lugar de los Xicaros y después solo Xicaros y al instituirse como distrito nos
llamaron Jícaro””, así opina el profesor Espinoza, de ese pueblo allá en Nueva
Segovia, Nicaragua.
Queda claro entonces, que el relato de internet, sobre el nombre de El Jícaro
nuestro, mencionado, es inverosímil y un
caso típico de plagio a la información que sobre el particular escribió el
profesor Espinoza, hace muchos años, y
que los autores de los videos de marras, trasladaron casi literalmente, al caso
de nuestro Jícaro, queriéndonos confundir con los “Xicaros” y el rey Moyuca de
Nicaragua. Además, en el diccionario de voces guatemaltecas se dice que el
nombre de El Jícaro, tiene su origen en la voz azteca Xicallí, nahual aquí, que
quiere decir Jícaro, cuyos descendientes, según la historia patria, incursionaron
y sentaron sus reales por esta región y en otras del territorio nacional, estableciendo
asentamientos que mixtificados por la
transculturización, en decadencia, subsisten aún en algunos lugares del país.
Por el atrevimiento ofensivo e irresponsable que de tu
nombre se ha hecho, arbolito y pueblo míos, público allende los linderos patrios,
con la negación de tu legítimo linaje, atribuyéndote por el contrario, una etimología postiza, alejada de la
realidad, pretendiendo con ello, cambiar la historia de nuestra patrimonio
cultural, yo salgo en tu defensa para cantarte simbólicamente, en prosa, a mi
manera, surrealista si se quiere, pero sentida, una siempreviva, no con la
técnica que demanda el arte de la poesía, salvedad que antepongo, por si el caso, contrarrestar
de inmediato por aclaración, las gratuitas murmuraciones de los “eruditos” que no faltan, al decir o simplemente pensar, que lo escrito son meros disparates. Con toda
modestia, en verso libre o suelto, mi pensamiento, ahí va:
LOA A EL JÍCARO.
Para finalizar quiero decirte, que por
aclamación, en nombre de la paisanada que te quiere, a partir de hoy, aunque de hecho ya lo eras,
por los atributos que posees, y como un merecido reconocimiento a tu excelencia,
se te designa: SÍMBOLO DEL MUNICIPIO y más coloquial y cariñosamente, en
diminutivo: ARBOLITO DEL PUEBLO, como lo son la Marimba, la Ceiba, la Monja
Blanca y demás Símbolos Patrios, a nivel nacional y como consecuencia: se
CONFIRMA TU ESCUDO, inserto, para mejor configurarlo después, y la promesa de
propagar tu siembra estimulada por doquier y plantarte específicamente en lugar
público céntrico de la población, para perpetuar tu ser y tu imagen como respetable
REPRESENTACIÓN MUNICIPAL, y por tanto, de hoy en adelante se PROHÍBE TU TALA,
para que sigas viviendo, enriqueciendo con tu presencia el medio ambiente, brindando oxigeno al ser
humano, del que espero, que, con la consciencia despertada en el gran
acontecimiento de hoy, digo de tu exaltación como mascota del terruño, se te
respetará y cuidará más, como ejemplo para próximas generaciones, hasta el día
en que natura disponga de tu existencia, de pié, como fiel guardián del pueblo,
haciendo honor a la tierra que te vio nacer, dejando como legado la
purificación del viento que prodigas a la humanidad, por los años y, tus
despojos, cargados de nutrientes fortalecerán el suelo y darán vida a futuros vástagos que preservarán tu especie;
de cuyo agasajo, fíjate, los espíritus de nuestros antepasados, pioneros del
apelativo del territorio y conglomerado, que de buena escogencia, lleva tú
nombre, allá en el cielo, regocijados están. jajajaja.
Por ello tu nombre vivirá por siempre, representado en nuestro municipio,
como expresión de solidaridad, de unidad, de progreso y desarrollo, grabado en
nuestros corazones y de de muchas tantas
comunidades de América que llevan tu excelso nombre inmortal. Loa a ti, árbol, digno patrimonio del pueblo, en
nuestra floresta enclavado: fuerte, bello y generoso, como tu pariente el Guayacán, de los pocos de tu clase, que en los
llanos, contaditos van quedando todavía, pues la tupida arboleda de maravilla,
que antaño, de ambos, en el campo florecía, en espíritu deambulan ahora, allá
en la “gloria”, porque la mano del
hombre cruel, los arbolitos jóvenes, sin compasión, ha arrasado, convirtiendo
las partes de tu todo, en cenizas, que a la tierra con hálito de vida, a tu
costa, va abonando, por la tala inmoderada de ambas especies cometida.
Y tú Jícaro, árbol del homenaje, en modesta
alocución, para agradecer este tributo y no hacer mutis y te tilden de tímido, solo pide y di en voz
sonora a la concurrencia: “¡no me
desprecien muchachos!, no me jodan, soy un ser viviente vegetal, que no hago
daño a nadie, antes bien, los productos de mis entrañas a ustedes doy,
contrario al homo sapiens de hoy, animal malvado y desigual, que en su maléfico
afán de querer mi reino, en corto tiempo exterminar y, como consecuencia, la
tierra en desierto convertir, sin percatarse que con ello, como recompensa
negativa, el “monstruo” depredador, su propia tumba, para su enterramiento
masivo, lentamente, cavando está. Porque
el desastre vendrá”. Y hay de aquel, que a partir de ahora en adelante,
pretenda hacerte daño, porque simbólicamente castigado será, con la pena más
cruel que ser humano alguno pudiese soportar, como lo es el látigo del desprecio y el ostracismo.
El anterior panegírico, por ahora, no es
más que un acto figurado, que puede convertirse en hermosa realidad, en el
mañana que espero llegará, a través de un acuerdo gubernativo o interno de la
Municipalidad local, para oficializar y perpetuar la historia del árbol de
Jícaro y sus circunstancias, así como de su coterráneo el guayacán, como de
hecho ya se empezó a hacer con la siembra de un arbolito de su clase, por el
entusiasta paisano Eduardo Zamora Orellana, respaldado con una placa por la
cual se le rinde merecido culto y se le identifica, lastima grande que en
terreno ajeno de la estación del ferrocarril, pero también en fila, en las
cercas del chagüite honrando al pueblo están.
No sean así chicos imberbes o chicas
inmaduras responsables del video que en este capítulo se comenta, reflexionen y
no se llamen a engaño, eliminen esa información falsa de Internet, que sólo los
pone en ridículo. Gaudencio Morales Barillas, también hizo campaña para cambiar
el nombre de El Jícaro, por el de Orellana, en honor del ex presidente de ese
apellido, oriundo de este pueblo, en cuyo caso si hubiese sido posible, por
sensible la idea, pero la misma por ignoradas
razones no cuajó, prefiriendo los vecinos quedarse como estamos, con apelativo
vegetariano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario